Habitualmente se desarrolla en varias sesiones, más o menos espaciadas en el tiempo.
En la mayor parte de casos, resulta imprescindible una adecuada preparación de la piel antes de la primera sesión de peeling, mediante cremas específicas, formuladas por el facultativo de forma personalizada, y la participación de una esteticista competente. Entre las sesiones se establece un adecuado tratamiento dermocosmético: hidratación, reparación y protección solar.
Al finalizar el tratamiento, se establecen las oportunas pautas de mantenimiento, que pueden comportar la realización, más o menos esporádica, de alguna sesión de peeling, y los ineludibles cuidados dermocosméticos: limpieza, hidratación, nutrición y protección.